¿Por qué seguimos corriendo detrás del dólar?

Dado que el gobierno actual defiende con fuerza la idea de dolarizar, me surgió una pregunta: ¿por qué nos interesa tanto el dólar? Desde que tengo uso de razón, la gente se preocupa mucho por este tema, como si toda la economía del país estuviera basada en esa moneda. Sin embargo, la realidad es que el dólar no debería importarle a nadie, excepto a quienes necesiten comprar o vender esa divisa.

Pero si no debería importarnos, ¿por qué nos preocupa tanto? Todo comienza con el uno a uno. Esta medida, implementada por el gobierno de Menem en 1991, buscaba controlar la inflación creando una moneda convertible con otra moneda más fuerte, en este caso, el dólar estadounidense. A partir de ese momento, es comprensible que se haya generado una cierta confusión: cuando el dólar sube, automáticamente aumentamos los precios de todo, aunque no sea necesario. Este tipo de cambio fijo tiene varios problemas, no solo por la psicosis que genera en la gente cada fluctuación, sino también porque es otra moneda y su valor puede variar según la situación económica del país emisor.

Para que se entienda lo irrelevante que debería ser que el dólar suba o baje, imaginen que en lugar del dólar se hubiese elegido el patrón oro. ¿Qué haríamos entonces? ¿Saldríamos corriendo a comprar lingotes para guardarlos? ¿O estaríamos atentos al precio del oro para aumentar el valor de los productos? Suena absurdo, pero es lo que hacemos cada vez que el dólar fluctúa.

Esta obsesión con la divisa estadounidense me llevó a preguntarme en qué está basada esta moneda. Es decir, ¿cuál es su respaldo actual? Me sorprendió descubrir que el dólar no está respaldado por nada físico, sino únicamente por la confianza en la autoridad del gobierno que lo emite. Hasta 1971, utilizaba el patrón oro, pero este sistema dejó de ser viable debido a las enormes cantidades de oro que serían necesarias para respaldar todo el dinero emitido por los bancos centrales. Este tipo de moneda, conocida como dinero fíat, no es exclusiva del dólar; otras divisas como el euro y el yen también carecen de respaldo físico.

Dado que el gobierno ya ha puesto en marcha normativas para permitir la competencia entre monedas, me pregunto: ¿en qué nos beneficiaría dolarizar? Además, ¿qué sucedería si el gobierno de Estados Unidos dejara de confiar en el dólar? Y si esta moneda se desplomara, ¿qué pasaría con el peso? Aunque antes expliqué que no están directamente relacionados, esta pregunta sigue siendo válida. Durante la época del uno a uno, la deuda pública externa aumentó considerablemente porque el país no estaba en condiciones de sostener esa medida, y temo que algo similar podría ocurrir con la dolarización.

Como mencioné antes, el dólar tiene valor porque las personas creen en él, no porque esté respaldado por algo tangible. Esto puede derivar en problemas como hiperinflación y devaluación, que han sido parte de la vida diaria de los argentinos durante años. Me pregunto si esto no estará relacionado con el hecho de que nuestra moneda nacional también es dinero fíat, sumado a las malas prácticas económicas de las últimas décadas. Porque sí, si el dólar está "sostenido en el éter" y el peso está relacionado con el dólar, entonces, ¿el peso también está sostenido en el éter?

Aunque no soy experto en economía, la implementación de monedas como estas me preocupa, especialmente porque el propósito inicial del dinero era facilitar el trueque, funcionando como un medio de intercambio con un valor equivalente. Algunos proponen la banca libre como solución al problema del dinero fíat, pero a mí no me convence.

En cuanto a los precios, existen varios factores que provocan su aumento, siendo la incertidumbre económica uno de los principales. Aunque la inflación ha disminuido y el IPC ha bajado, esto no se refleja en el bolsillo de la gente. Esto ocurre porque, ante la incertidumbre sobre el futuro económico, se aumentan los precios para protegerse de posibles dificultades. El problema es que los salarios nunca acompañan estos aumentos. Si bien el tema de los salarios corresponde al Estado y a las empresas, los precios dependen de las personas, ya que el Estado no los regula directamente.

Para reducir los precios, es fundamental entender que la incertidumbre económica afecta a todos, no solo a los comerciantes o propietarios de bienes inmuebles. Además, la cantidad de intermediarios entre el productor y la góndola contribuye a inflar los costos de los productos.

En conclusión, el precio del dólar no es un indicador de buena o mala economía. Por lo tanto, que baje no debería ser motivo de celebración, ni que suba debería justificar aumentos de precios en el mercado. Aunque el dólar parezca depender del "éter", también depende del desempeño de la economía estadounidense y global, lo que significa que nos afectan cuestiones externas fuera de nuestro control. En cuanto a los precios, sería necesario eliminar intermediarios y, quizá, regularlos temporalmente desde el Estado, aunque esta medida vaya en contra del liberalismo propuesto por Milei.

 

Me gustaría haberles dejado certezas, pero este tema solo me deja preguntas.

Rodolfo Schuler

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