Manuscrito III

Hay días en los que me duele el mundo. Como ciudadano del mismo, a veces sueño con un lugar en el que las injusticias y la violencia contra el otro no existan, quizá porque en mi realidad no es algo que vea y esto me lleva a creer que ese futuro sí es posible.

Siempre evité las noticias porque en lugar de informar muchas veces motivan el morbo de la gente o te llenan de miedos. Pero descubrí que si quiero opinar de política tengo que saber que es lo que pasa en el mundo, y que terrible que fue encontrarme con la realidad de las cosas. Es muy difícil mantener la esperanza por un futuro mejor cuando ves como los mismos funcionarios defienden atrocidades en lugar de castigarlas.

A veces siento que esto no es para mí, pero hace falta ver y sentir ese dolor para encontrar la fuerza que pueda impulsar un cambio. Necesitamos de gente con las emociones a flor de piel y con buen discernimiento para que quieran involucrarse en las buenas causas y que defiendan a quienes deben defender. Estos últimos años solo he visto a gente quejarse de las situaciones sin poner en marcha ningún tipo de solución. Las cosas no se solucionan con protestas, se solucionan involucrándose en el poder político. Se necesita más gente común en los puestos de poder; se necesita más gente con ganas de hacer el bien.

Involucrarse en política implica estar cerca del dolor de la gente, por eso me cuesta tanto entender el por qué los que tienen el poder de cambiar las cosas no hacen nada. Me cuesta entender por qué eligen ser esclavos del dinero y el poder cuando la gratificación más grande viene de hacer el bien. Quizá hacen acuerdos que no conocemos, quizá son títeres de alguien con más poder que ellos o quizá dejan pasar la delincuencia porque es esa la gente que los vota en las elecciones. Cualquiera sea el caso, con más razón hay que involucrarse. La única forma de parar con todo esto es destruyéndolo desde adentro.

Pareciera que dejaron de hacer el bien para cumplir sus propios caprichos, lo único que saben hacer es aumentarse el sueldo. No recuerdo en qué momento la política pasó de ser un servicio para todos a ser un negocio a favor unos pocos ¿Cuándo se perdió de vista el principal motivo por el cual existen esos cargos?. Quizá todos esos valores murieron en Atenas junto con la democracia que supimos tener.

Quizá esta crisis mundial sea el inicio de un nuevo mundo, quizá todo tiene que derrumbarse para ser construido de nuevo. Pienso que este dolor sirve para saber que tiene que quedarse atrás: la intolerancia, la pasividad del pueblo, la división política, la misma gente manteniéndose en el poder, la ignorancia y las historias incompletas. Ojalá estos finales sean nuevos comienzos, con una base muy fuerte en la escucha, en el respeto y en el amor al prójimo.

 

Rodolfo Schuler

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