Rompiendo con el pasado: Educar para un cambio social
En otros artículos he hablado acerca de la importancia de abandonar ideas viejas para dar lugar a nuevas. Estamos tan acostumbrados a transmitir nuestras creencias a las siguientes generaciones que no damos espacio a que las nuevas generaciones experimenten con el pensamiento. Es importante señalar que nosotros también podemos hacerlo, pero es mucho más difícil porque ya estamos aferrados a las ideas que nos inculcaron, lo que hace casi imposible cuestionarlas.
Ese es el primer paso: los seres humanos somos curiosos por naturaleza. Los niños, por ejemplo, viven haciendo preguntas para entender cómo funciona el mundo que los rodea. Sin embargo, al haber perdido el espíritu de la curiosidad, muchos adultos terminamos aceptando las ideas de otros sin cuestionarlas. Esto puede llevarnos a encontrar esas preguntas molestas o incómodas, además de que probablemente no tengamos las respuestas a mano. En estos casos, incluso si conocemos las respuestas, debemos acostumbrarnos a ofrecer herramientas para llegar a ellas en lugar de responder directamente. Este enfoque permite que las personas descubran el mundo a través de sus propios sentidos y lleguen a conclusiones basadas en la información que les fue dada.
En particular, si buscamos nuevas formas de hacer política, debemos permitir que los jóvenes piensen por sí mismos y encuentren sus propias respuestas. Si seguimos transmitiendo las cosas de la misma manera, nunca tendremos soluciones nuevas y continuaremos repitiendo los mismos patrones de siempre.
Ahora bien, ¿cómo brindamos información de forma útil? Lo principal es ofrecer múltiples perspectivas. En el caso de la política, una herramienta importantísima es estudiar la historia de la humanidad. Conocer la historia desde todos los ángulos posibles y de la forma más objetiva posible nos permite obtener una visión más completa sobre los movimientos políticos, cómo han actuado y si realmente han logrado cambios duraderos. “Quien no conoce su historia está condenado a repetirla”, pero para evitar esto es necesario examinar la historia en su totalidad, no solo desde lo que nos conviene. Seleccionar fragmentos convenientes propaga la desinformación y abre la puerta para que los errores del pasado se repitan.
Esto no solo debe hacerse en el ámbito familiar, sino que también debe trasladarse a las instituciones educativas. De nada sirve abandonar el adoctrinamiento en casa si seguimos adoctrinando en las escuelas o universidades. Al imponer ideas o, de manera más sutil, al presentar solo una parte de la historia mientras se omite el resto, no fomentamos el desarrollo del pensamiento crítico. Así, seguimos formando generaciones de personas que simplemente repiten discursos ajenos porque nunca tuvieron el espacio ni la información para cuestionar nada. El pensamiento crítico no surge de memorizar un par de frases y adoptarlas como propias; se desarrolla a través de hacer las preguntas correctas. Y dado que llevamos más de 60 años sin cuestionarnos casi nada, cualquier pregunta es un buen inicio.
Mi crítica hacia las ideologías políticas tiene una razón de ser: es lo único que no ha cambiado en todos estos años. Es sabido que las personas suelen contar las cosas desde la perspectiva que les conviene, pero hay un mundo más allá de eso. Cuando permitimos que se conozcan todos los puntos de vista, podemos reconstruir la historia de una manera más certera, promoviendo la unidad. Hasta ahora, la historia contada por partes solo ha servido para dividirnos.
En resumen, para fomentar el pensamiento crítico en los jóvenes debemos:
Dar espacio a las preguntas y dudas (incluso si son incómodas).
Proporcionar información objetiva sobre los temas. Si no es posible encontrar una fuente objetiva, se puede recurrir a diversas perspectivas.
Permitir que los jóvenes crean en lo que deseen, especialmente si es fruto de su propio razonamiento.
Enseñar a cuestionar las ideas desde temprana edad no solo fomenta la formación de un pensamiento individual, sino que también ayuda a evitar la polarización de ideas que observamos en la actualidad. La capacidad de pensar críticamente no se aprende en un aula; se practica todos los días con todo lo que escuchamos.
Decimos que los jóvenes son el futuro, pero no hacemos nada para que sean diferentes a nosotros. Si no actuamos, seguirán repitiendo los mismos errores de siempre porque nos aferramos a ideas que ya no sirven.
En conclusión, la manera más eficaz de generar un cambio en la sociedad es educar a los jóvenes de forma distinta a como nosotros fuimos educados. Si seguimos perpetuando las ideas del pasado, no solo continuaremos enfrentando los mismos problemas, sino que también reavivaremos las mismas rivalidades. Es momento de invitar a cuestionar todo, a analizar la historia de manera objetiva y a dejar de verla únicamente desde un punto de vista político.
Contar solo lo que nos conviene también es adoctrinamiento.
Rodolfo Schuler
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