La crisis educativa: Reflexiones sobre el sistema y el rol de los maestros
Dada la revolución causada por el intento de auditar aún más las universidades, mucha gente acusa al gobierno de querer privar al pueblo de su derecho a la educación. La realidad es que, a cualquier gobierno, sin importar en qué parte del espectro político se ubique, le beneficia que la gente dependa de las ideas de otros.
El gobierno actual cree que el problema del país son las universidades, ya sea porque algunos las usan para robar, para financiar movimientos políticos o, también, porque las considera centros de adoctrinamiento que venden ideologías de izquierda disfrazadas de pensamiento crítico. Y la verdad es que, por lo que he visto, esto último puede ser cierto, pero ¿es motivo para querer cerrar todo? En las universidades privadas ocurre lo mismo, aunque con ideologías un poco más a la derecha. El problema no es la ideología que se venda, el problema es que nadie en estos lugares enseña a pensar. ¿Se puede culpar a alguien por eso? Sí, pero también debemos reconocer que este problema tiene raíces en el conflicto político histórico.
Ahora todos levantan el estandarte de la defensa de la educación y el pensamiento crítico, pero cuando hubo que defender la educación primaria, muchos de estos mismos personajes brillaron por su ausencia. Hace años que la educación en el país está en decadencia, y los problemas son múltiples, pero nadie está buscando una solución. Es más fácil echarle la culpa al gobierno anterior que hacerse cargo de lo que hay que resolver, sea cual sea la responsabilidad de cada uno.
El primer error es que el sistema educativo está diseñado para que solo unos pocos aprendan. Cuando se dieron cuenta de esto, eliminaron la repetición de grado en la primaria para evitar estigmatizar a los estudiantes. Sabemos que cuando alguien repite de grado muchas veces, es probable que abandone la escuela, igual que sucede con aquellos que no aprendieron a leer, comprender un texto o realizar operaciones matemáticas básicas porque nunca tuvieron la oportunidad de repetir el curso.
Las evaluaciones docentes son necesarias; ofrecen una visión clara sobre los conocimientos de los maestros y permiten identificar las áreas en las que necesitan capacitación. Ahora, sabiendo que son necesarias, no entiendo por qué hubo tanto alboroto cuando se propuso hacer una evaluación. El Estado tiene todo el derecho de saber en qué condiciones se encuentra el sistema educativo, y por eso deberían realizarse evaluaciones a los estudiantes, no solo para medir lo que han aprendido, sino también para evaluar la eficacia del método educativo en todas las escuelas.
Se tiende a culpar mucho a los maestros, que a menudo hacen paros o toman licencias psiquiátricas sin justificación, pero ¿cómo pueden ellos tomarse en serio su trabajo si el Estado no lo hace? Déjenme recordarles que su trabajo es el más importante en el país. Aunque pase desapercibido, no deja de ser crucial. Para mí, un maestro tiene en sus manos el futuro de un país, y no es algo para tomarse a la ligera. En esos puestos se necesita gente con vocación y ganas de enseñar, porque los chicos, aunque a veces parezca que no se dan cuenta, saben perfectamente quiénes son los maestros que disfrutan de su trabajo y quiénes no. Esto, sin duda, influye en la atención que prestan en clase.
En las universidades se está planteando la idea de acortar las carreras debido a la competencia mundial. En otros países, las personas se gradúan a una edad menor que en Argentina. No sé qué erudito sugirió esto, pero estoy seguro de que no es consciente de que, en esos países, todos los niveles educativos funcionan de manera que esto sea posible, y no solo las universidades. Para lograrlo, se tendría que reformar todo el sistema educativo. En Estados Unidos, por ejemplo, los estudiantes de secundaria comienzan a tomar materias universitarias, lo que les permite graduarse antes. Aquí, en cambio, lo último que le importa a alguien en el secundario es la universidad. La única preocupación es el UPD, UUD, la fiesta del fin de semana y el viaje de egresados. No podemos pretender aplicar el sistema de otros países sin tener en cuenta las diferencias culturales. Lo que conviene hacer es reformular el sistema educativo de modo que sea compatible con nuestra cultura y permitir que cada persona se gradúe cuando esté preparada, sin forzar tiempos que no corresponden.
El sistema educativo tiene fallas por donde se lo mire. No voy a entrar en detalles sobre el trabajo del Ministerio de Educación y las políticas que aplican para los distintos niveles educativos, porque, si somos honestos, son los primeros a los que habría que señalar. También debo reconocer que hablo desde mi perspectiva como alguien que asistió a la primaria y secundaria en un pueblo del interior del país, donde no hay colegios preuniversitarios ni otras alternativas. En el interior, la única opción es elegir entre un colegio con dos modalidades o uno técnico. Para los que hemos vivido esa realidad, hay un abismo entre el nivel secundario y el universitario.
Otra realidad a tener en cuenta es que, por más que la universidad sea gratuita, no es accesible. Lo que una persona del interior gasta para enviar a sus hijos a estudiar en una universidad pública es lo mismo que alguien gastaría en una privada, o incluso más.
Quizá esta crisis educativa nos lleve a hacernos las preguntas necesarias para reformar el sistema educativo y hacerlo funcionar para todos, de manera que nadie se quede afuera. Además, el mundo lleva años buscando nuevas formas de enseñar, ya que los métodos tradicionales se están quedando obsoletos. Lo principal es que nunca vamos a poder profundizar en estos temas si siempre se mezcla la política en el medio. Esa es la forma en que limitan el pensamiento crítico, ya que la gente no se atreve a cuestionarse lo que ha creído durante tanto tiempo.
A mis queridos maestros, quiero recordarles una vez más que su labor es la más importante: sin ustedes no habría médicos, abogados, científicos ni nada. Pregúntenle a cualquiera, y seguramente todos les dirán que algún maestro, en algún nivel educativo, les cambió la vida. Lo sé porque cambiaron la mía.
A la educación la construimos entre todos, pero primero hay que ser consiente de todas sus falencias.
Rodolfo Schuler
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