La democracia ateniense y la ilusión de la representación

Hace mucho tiempo, en la Antigua Grecia, existía un sistema de gobierno muy distinto al que tenemos hoy en día. A pesar de que nuestro sistema actual lleva el mismo nombre, las características de ambos tienen poco en común.

En aquel entonces, la gente se reunía en asambleas donde todos podían proponer ideas y opinar sobre qué medidas tomar para el bienestar de todos los ciudadanos. Además, no había necesidad de divisiones en partidos políticos. Como los delegados se elegían por sorteo, no era necesario hacer promesas, ya que este método no garantizaba la "victoria". La ciudadanía tenía el poder de destituir a un delegado en cualquier momento, es decir, ser delegado no otorgaba ningún tipo de inmunidad ante el pueblo: seguías siendo un ciudadano común.

En estas asambleas, las personas se reunían para debatir ideas representándose a sí mismas, y solo en caso de no llegar a un acuerdo se recurría a votaciones.

Este sistema de gobierno surgió como una alternativa a la monarquía y logró mantenerse hasta hoy en día... de algún modo. La realidad es que la democracia actual no se parece mucho a la democracia ateniense. Investigando un poco más, me di cuenta de que el sistema actual se conoce como democracia representativa, dado que cedemos poder a un representante, mientras que lo que expliqué anteriormente es una democracia directa.

La necesidad de un cambio en la forma de gobierno de los atenienses surgió, entre otras razones, porque el pueblo no tenía mecanismos para ejercer presión real sobre los gobernantes y hacer que actuaran en favor de sus intereses. Como las monarquías se habían convertido en oligarquías, comenzaron a surgir tiranos que tomaron el poder. La democracia se formó tras la caída de la tiranía y se diseñó una reforma para evitar que las oligarquías retomaran el control.

La idea de una democracia directa en la actualidad puede parecer poco práctica, pero la razón por la que creo que deberíamos reconsiderarla es que, a lo largo de los años, se ha hecho evidente la incompetencia de la democracia representativa. No sé desde cuándo, pero se les ha otorgado demasiadas libertades a quienes nos gobiernan, hasta el punto de que han perdido de vista el propósito original por el que, en algún momento, decidieron gobernar. Prefiero creer que todos se vuelven políticos con buenas intenciones y no solo por el atractivo de cobrar más de 8 millones.

Lentamente, el sistema que surgió para eliminar la monarquía y darle poder al pueblo terminó por convertirse en aquello que prometió destruir. Hemos cedido nuestro poder tan gradualmente que lo que antes era una democracia ha cambiado por completo, llevándonos a una situación en la que hoy no tenemos ningún control real sobre el poder político, de la misma manera en que los atenienses carecían de poder cuando la monarquía estaba en vigor.

En algún momento, expresé mi desacuerdo con ciertas medidas que la gente utiliza para demostrar su descontento con las decisiones del gobierno, como las marchas. Siempre me respondían que eso era ejercer poder y que, de hecho, muchas cosas se lograron así, como la Revolución Francesa. Me sorprendió que ese tema surgiera en la discusión, ya que estamos muy lejos de una situación como la Revolución Francesa en Argentina. Aquella revolución se dio por un profundo descontento popular contra el gobierno, mientras que hoy en día, a pesar de las dificultades económicas, la razón principal por la que la gente sale a marchar es porque no está satisfecha con la elección presidencial, y no por motivos más trascendentales.

Dado que la gente sabe que muchas de estas marchas están teñidas de intolerancia hacia la ideología que no gobierna, no se suman al descontento de esas manifestaciones. Al contrario, terminan resintiendo aún más al grupo que las organiza. Por eso creo que la democracia representativa ha generado un enorme daño a la sociedad, no solo fomentando la intolerancia hacia quienes piensan de manera distinta, sino también permitiendo que el poder político se desligue de cualquier cuestión social, pasando de representar a las masas a representarse únicamente a sí mismos.

Me encantaría que, en algún momento, la gente realmente se rebele contra el poder político, ya que es el mayor problema que enfrentamos hoy en día. Pero eso no sucederá hasta que no superemos la polarización política, inventada por aquellos que quieren mantenernos divididos para quitarnos el poco poder que nos queda.

Si las cosas fueron diferentes ¿por qué no podrían serlo ahora?.

Rodolfo Schuler

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